✍ Nilton Roger Mas Rojas
Los reyes de Madián, Zébaj y Salmunná, retaron a Gedeón diciéndole: «Levántate y hiérenos, porque según es el hombre es su valentía.» [Cfr. Jue 8, 21] Ese fue el reto que le hicieron, pensando que no sería capaz de enfrentarlos; sin embargo, Gedeón los mató a ambos.
Era una batalla muy desigual: 15 000 enemigos frente a sólo 300 hombres de Gedeón. La batalla era de 1 frente a 50. Aún así, Gedeón no se amilanó y pudo salir victorioso. Después de todo, en algo sí tenían razón: "La valentía está en razón directamente proporcional a lo que es el hombre."
Hermano(a):
¿Qué tipo de batalla estás enfrentando hoy? ¿Qué tipo de amenazas estás sufriendo? Sea lo que sea, debes convencerte que el problema que tienes, es una oportunidad para mostrar tus talentos y crecer en todo el sentido de la palabra. Sólo necesitas ser valiente como Gedeón.
Si eres valiente, serás capaz de salir adelante y vencer tus miedos. Pero, ¿sabes algo? la valentía es un don de Dios, y como todo don, es gratuito y accesible para todos. Sólo es cuestión de pedírselo.
Todos enfrentamos situaciones en la vida que nos dan temor, que nos hacen quedar inmóviles y que no nos permiten avanzar. Pero solo unos cuantos son capaces de enfrentar aquello que les acaba la vida, que los daña, o que mengua su ser.
Por supuesto que, muchas veces, no sabemos cómo enfrentarlos, porque el miedo es mayor, y tememos que esas situaciones acaben con nosotros. Pero hoy quiero invitarte a que tomes esa valentía de Gedeón, a que pienses en que no puedes ser un cobarde más, que tienes que atreverte a luchar, a enfrentar aquello que atenta contra tu vida, tu libertad o tu dignidad, pues cuentas con la valentía que Dios te da.
No estás solo(a) en tu lucha, cuentas con el favor de Dios. Claro que al principio será difícil. Probablemente te cueste mucho, y quizás hasta tengas ganas de dejarte vencer y abandonar tu lucha. Sin embargo, debes perseverar y tomar consciencia de que no peleas solo, Dios te acompaña y te llena de su fuerza y de muchas capacidades más.
¡Vamos hermano(a)! ... que ¡sí se puede!




